viernes, 3 de febrero de 2012

Un murmullo de labios decrépitos


             I.- La mordida mas fuerte

Hasta ese día nunca supe de que iba el sabor de la humedad y por ende el del lodo. Vino esa pequeña lombriz a enseñarme ambos. Porque hoy llueve. Una lluvia lenta y penetrante, como la medianoche en la que cae. A ratos pareciera que las lúgubres gotas de hielo atravesaran el pasto y los dos metros de tierra que me separan de la superficie. Y con unos siniestros “tic toc” tocaran a las puertas de mi ataúd. “¿Quién es?” trataría de murmurar en voz baja para no molestar a mis vecinos. La ironía de mis fúnebres aposentos me respondió con un macabro crujir de madera. Y deberán saber que también muerto es posible estremecerse en alma, porque en ese momento lo supe. Todo se silencio abrupta mente, pero aun llovía y las gotas se avergonzaron de caer y hacer ruido. Y dejaron de hacer estruendo. El viento dejo de fluir. Hasta las larvas que yacías ansiosas por roer lo que quedaba de mis putrefactos órganos, se apaciguaron. Algunos gusanos aun se movían en los trozos restantes de mi cerebro, estimulando mi lóbulo parental izquierdo, por ende, mis recuerdos. Memorias, la mayoría difusas. Una menor parte eran estrobos de violencia y en la mínima porción había “cariño”.
               
                  “Fue curioso nos conocimos por accidente. Una tarde de verano en los húmedos pastos de Central Park. Tu perro rompió su correa y no lo pudiste alcanzar hasta que se detuvo en la canasta de picnic que yo tenia tendida en la manta sobre el césped. Te disculpaste múltiples veces. Te convencí de que no pasaba nada. Que era un ACCIDENTE. Te invite un café y aceptaste amable mente resulto que eramos mas afines de lo que habíamos pensado y quedamos en salir una vez mas. Las cosas fueron excelente y tras algunas citas mas aceptaste ser mi pareja. Fue entonces que todo se fue al carajo…”
Detuve las visiones de golpe, no recordé lo que había pasado. Pero tenia esa noción de que fuera lo que fuera que te había hecho, te lo merecías. Me llene de horror, no recordé como llegue aquí. Podría concentrarme un poco mas, si tan solo estos gusanos dejaran de roer mis entrañas por un segundo…
               


             Y el viento empezó a soplar otra vez…



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